domingo, 25 de marzo de 2012



La Erupción del Mont Pele por Manuel Mora







Aclaraciones  técnicas:


La subducción


La litosfera oceánica, formada en las dorsales, es delgada y no muy densa
debido a su alta temperatura, pero a medida que se aleja de la dorsal se
va enfriando y también experimenta subsidencia térmica. Al mismo
tiempo, se va volviendo más gruesa a medida que el material del manto
superior se adhiriere a su base.
Finalmente puede ocurrir que su peso la empuje a hundirse en el manto,
formando una corriente convectiva descendente. Se origina entonces una
zona de subducción, que es la zona en que la placa oceánica se dobla y se
hunde en el manto. La litosfera continental granítica no puede hundirse en
el manto, porque es menos densa.
Características de las zonas de subducción
Las zonas de subducción presentan varios rasgos característicos:
• Se encuentran en los océanos, puesto que siempre es una placa oceánica
la que subduce.
• La placa que permanece sin subducir, llamada placa cabalgante, puede
ser oceánica o continental.
• En la zona donde la placa subducente se dobla, se forma una fosa oceánica
profunda y alargada.
• En la fosa oceánica se acumula un gran espesor de
sedimentos.
• Si los sedimentos son comprimidos contra la placa
cabalgante, quedan adheridos a ella formando un
prisma de acreción.
• Son zonas de intensa sismicidad, debido al rozamiento.
Los seísmos están distribuidos según un
plano inclinado, llamado plano de Benioff.
• La placa subducente experimenta una fusión parcial,
que aporta magmas a la base de la placa cabalgante,
produciendo manifestaciones magmáticas,
como vulcanismo e intrusiones plutónicas.
• El empuje de la placa subducente sobre la placa cabalgante
la comprime, aumentando su grosor y
originando un relieve, un orógeno volcánico.
En las zonas de subducción la interacción entre la placa oceánica
subducente y la placa cabalgante produce sismicidad, vulcanismo,
formación de orógenos…
La subducción es la formación de corrientes convectivas
descendentes constituidas por litosfera oceánica.



Los archipiélagos volcánicos
La litosfera oceánica es más delgada que la continental. Cuando un penacho
térmico se sitúa bajo ella también se abomba, pero el vulcanismo se
manifiesta muy pronto y origina un archipiélago volcánico.
Los puntos calientes en la litosfera oceánica originan archipiélagos
volcánicos como Hawai, las Azores y muchos otros.
Pero no todos los archipiélagos volcánicos están relacionados
con puntos calientes.
El vulcanismo de un punto caliente en la litosfera oceánica
vierte grandes volúmenes de basalto, pero no puede llegar a
formarse un volcán gigante como el Monte Olimpo de Marte,
porque en la Tierra las placas están en movimiento y no permanecen
estáticas sobre el penacho térmico, por lo que en
vez de formarse un único edificio volcánico de grandes dimensiones,
se va formando un rosario de volcanes, que se
van extinguiendo a medida que se alejan del foco térmico.
Corrientes convectivas descendentes
Las imágenes sísmicas del interior terrestre muestran que los penachos
térmicos forman columnas ascendentes relativamente bien organizadas.
Cuando alcanzan la base de la litosfera se abren como un paraguas, o más
bien como el yunque que corona las nubes de tormenta; el flujo deja de
ser ascendente y se hace radial.
El penacho térmico se va enfriando, principalmente por dos
procesos:
• Conducción del calor a la litosfera. En ella se produce
magmatismo, que da lugar al vulcanismo.
• Expansión de los materiales. Las rocas que forman el penacho
térmico se expanden a medida que alcanzan zonas
de menor presión, y su expansión las enfría, del mismo
modo que la expansión de un gas reduce su temperatura.
Cuando el material se hunde de nuevo en el manto forma corrientes
descendentes, que son más difusas que las ascendentes
porque el flujo radial disgrega el penacho térmico.
En su descenso los fragmentos procedentes del penacho llegan a la discontinuidad
de Repetti, pero no se hunden fácilmente en el manto inferior,
que es más denso, y pueden quedar apoyados sobre la discontinuidad
hasta que la presión los va compactando. Cuando su densidad ha
aumentado lo suficiente, acaban por hundirse en el manto inferior




Información sobre los echos estructurada  (Fuente de la información Wikipedia) :


Arco volcánico de las Antillas Menores

El arco volcánico de las Antillas Menores, (también llamado arco de fuego del Caribe, arco de fuego de las Antillas Menores o arco volcánico del Caribe) es una larga serie de volcanes activos y de islas volcánicas, que se extiende en arco de norte a sur desde el este de Puerto Rico hasta la costa de Venezuela. Es uno de los dos arcos de fuego de Centroamérica, siendo el restante el de Arco Volcánico Centroamericano.
En el arco volcánico de las Antillas Menores se observan actualmente unos 70 volcanes activos, algunos de ellos submarinos.

Formación

Este arco volcánico marca el límite oriental del mar Caribe y consecuentemente el occidental del océano Atlántico. Se origina en la zona de contacto en la Placa del Atlántico y la Placa del Caribe. En ella, la primera se desliza por debajo de la segunda mediante el fenómeno tectónico conocido como subducción. La Placa del Caribe, a su vez, es empujada hacia la del Atlántico por la presión a la que la somete la Placa de Cocos, responsable de la formación de los volcanes continentales centroamericanos en el restante arco de fuego.

Composición

El arco volcánico de las Antillas Menores incluye cinco grandes volcanes activos que han producido catastróficas erupciones en el pasado y son responsables de numerosos terremotos en la región.

abarca toda la zona de contacto entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana, marcando el límite entre el Mar Caribe y el Océano Atlántico. La Placa Sudamericana, más pesada, se desliza por debajo de la del Caribe a un ritmo de 1 a 2 cm por año, en un fenómeno conocido como subducción, y se hunde en las entrañas de la Tierra hasta alcanzar las capas profundas del manto. La fricción, la presión y las altas temperaturas funden la corteza y transforman la placa en magma, que a su vez alimenta las calderas de los volcanes del arco. Este proceso es también responsable de la actividad sísmica de la región.
La zona es rica en volcanes activos: se han identificado más de 70. Los más importantes, además del Pelée, son el volcán sumergido Kick-´Em-Jenny junto a la costa de Granada, La Soufrière en Guadalupe, Soufrière Hills enMontserrat y Soufrière St. Vincent en San Vicente y las Granadinas.

 

 

Primeros indicios

Ya en 1899 el volcán comenzó a mostrar signos de mayor actividad: luego, dos años antes de la erupción, en el verano de 1900, el cráter de Étang Sec comenzó a incrementar el tamaño de sus fumarolas12 y a liberar erupciones freáticas en forma de vapor ardiente, como había sucedido en 1792 y 1851.
Esta situación se mantuvo hasta principios de abril de 1902, cuando algunos excursionistas notaron que se habían formado nuevas fumarolas sulfurosas cerca de la cima del volcán. Como las fumarolas habían estado apareciendo y desapareciendo o cambiando de lugar desde que se tenía memoria, ni el gobierno colonial ni la población dieron importancia al hecho.
Las erupciones comenzaron el 23 del mismo mes, bajo la forma de una ligera lluvia de cenizas que cayeron sobre las laderas sur y oeste, acompañadas de fuertes movimientos subterráneos. Dos días más tarde, la montaña vomitó una gran nube de rocas y cenizas desde la cumbre, originada en el Étang Sec, que no causó daños. Al día siguiente, toda la región fue cubierta con una nube de cenizas, pero las autoridades tampoco vieron en esto motivo de preocupación.

Invasión de animales salvajes

El sábado 3 de mayo se levantó un viento del sur que arrastró las cenizas hacia el norte, aliviando la situación en St. Pierre. Al día siguiente la lluvia de cenizas se intensificó, y las comunicaciones entre la capital y el distrito de Prêcheur quedaron interrumpidas. La nube de cenizas era tan densa que impidió que los buques zarparan de la costa; nadie se atrevía a navegar a través de ella. Muchos ciudadanos decidieron evacuar, llenando la capacidad de los barcos. Toda el área quedó cubierta de una capa de ceniza blanca tan fina que se parecía a la harina. Los animales, tanto salvajes como domésticos, huyeron: el ingenio Guérin, ubicado a 3 kilómetros al noroeste de St. Pierre, fue invadido por millones de hormigas y ciempiés de más de 30 cm de longitud,13 que atacaban a todo caballo que se encontrara en su camino. En St. Pierre, cientos de víboras fer-de-lance, muy venenosas, tomaron las calles. Se ordenó al ejército exterminarlas a tiros, pero no pudo lograrlo antes de que las serpientes mataran a 50 personas14 y muchos animales domésticos.

Últimas advertencias

El 5 de mayo, lunes, la montaña amaneció calma en apariencia; sin embargo, a las 13 horas, el mar retrocedió súbitamente 100 metros y luego se precipitó a tierra nuevamente, inundando la ciudad, mientras una gran nube de humo aparecía en el lado occidental de la montaña. Una de las paredes del Étang Sec se derrumbó, arrojando una avalancha de lodo y agua hirviente a las aguas del Blanche, inundando el ingenio Guérin y sepultando al menos a 150 personas bajo una capa de barro de entre 60 y 90 metros de espesor.
Los refugiados de otras áreas de la isla llenaron St. Pierre, pero, esa misma noche, las perturbaciones atmosféricas producto de la actividad volcánica destruyeron las instalaciones eléctricas de la ciudad, sumiendo a los sobrevivientes en las tinieblas y aumentando así la general confusión. A las 2 de la madrugada del día siguiente, comenzaron a escucharse fuertes ruidos originados en el corazón de la montaña.
A las 4 de la mañana del miércoles 7, el monte Pelée extremó aún más su actividad: las nubes de ceniza causaron relámpagos volcánicos alrededor de la cima, y ambos cráteres comenzaron a brillar con luz rojoanaranjada en la oscuridad.
A lo largo de todo el día los pobladores intentaron huir de la ciudad, pero la mayor parte de la población rural trataba de refugiarse en ella, aumentando la población en el orden de varios miles, porque los periódicos seguían diciendo que la ciudad constituía un refugio seguro.

Erupción principal



La nube de cenizas se cierne sobre el cementerio.
El Día de la Ascensión, 8 de mayo, una gigantesca erupción arrasó St. Pierre. Por la mañana, los pobladores observaban el espectáculo pirotécnico que desplegaba el volcán. El operador telegráfico del turno nocturno había estado transmitiendo a su par de Fort-de-France un minucioso reporte de la actividad de la montaña. Su última palabra transmitida fue Allez ("cambio") pasando la iniciativa a su colega. Eran exactamente las 7:52 de la mañana. Al segundo siguiente, la línea quedó muda.
Una nave que se utilizaba para la reparación del tendido eléctrico tenía la ciudad a la vista desde el mar: la mitad superior de la montaña se desgarró, se abrió y exhaló horizontalmente una densa nube de humo negro. Una segunda columna de humo rodó ladera arriba, formando una gigantesca nube en forma de hongo que oscureció el cielo en un radio de 80 km. La velocidad de desplazamiento de estas nubes era de más de 670 km por hora.
El flujo pirocástico horizontal cayó por la ladera y aceleró en dirección a St. Pierre. Era negro y pesado, y brillaba interiormente. Consistía en vapor supercaliente, gases volcánicos y polvo, todo calentado a temperaturas superiores a los 1.075 °C. En menos de un minuto envolvió la ciudad, incendiando instantáneamente todo elemento combustible con el que entraba en contacto.
Siguió un golpe de viento, esta vez en dirección a la montaña. Luego, durante la siguiente media hora, llovió una mezcla de barro, agua y cenizas. Durante las horas sucesivas, toda comunicación con St. Pierre estuvo cortada. Nadie sabía lo que había sucedido, las autoridades estaban inoperantes, y se desconocía la situación del gobernador.
Muchos pobladores fueron arrastrados por el mar y se ahogaron, la mayor parte de ellos marineros grandemente quemados15 que habían sido empujados al agua por la presión del flujo y cuyos cadáveres quedaron flotando a la deriva.
Una mujer también sobrevivió a la explosión piroclástica; lo único que recordaba era un calor súbito. Murió poco después de ser rescatada.
Entre las víctimas se cuentan los tripulantes y pasajeros de los buques amarrados en el puerto de St. Pierre. Un barco de pasajeros, el "Roraima", que se perdió el 26 de abril, fue reportado como tragado por la nube de cenizas de una de las erupciones preliminares. Sin embargo y desafortunadamente, no se había ido a pique y consiguió alcanzar el muelle segundos antes de la erupción principal, y todos sus elementos combustibles fueron volatilizados por el flujo piroclástico. Se hundió poco después, y sus restos aún son visibles frente a la costa de St. Pierre. Murieron sus 28 tripulantes y todos los pasajeros excepto dos: una pequeña y su niñera créole.

Intentos de rescate

A las 12 del mediodía el gobernador interino (ya que el titular había muerto) envió al acorazado "Suchet" a investigar lo ocurrido. La nave llegó a St. Pierre a las 12:30 y encontró la ciudad en llamas. La temperatura le impidó atracar, y, cuando lo logró, el capitán se dirigió a la Place Bertin, en la zona céntrica, que había estado llena de árboles, cafés y bares. Ni un árbol quedaba en pie, solo los ennegrecidos tocones, troncos carbonizados y arrancados del suelo de raíz. El fuego y los vapores asfixiantes impidieron una exploración más profunda, y los marinos abandonaron las ruinas humeantes.
Entretanto, muchos sobrevivientes habían sido rescatados de las aguas por pequeños pesqueros; algunos de ellos eran los mencionados marineros arrojados a las aguas. Todos estaban muy quemados. En la aldea de Le Carbet, protegida de los flujos por un alto promontorio ubicado al sur de la ciudad, se encontraron muchas más víctimas horriblemente quemadas. Pocas de ellas sobrevivieron más de unas horas.
Dentro del área de devastación total, la vida fue aniquilada totalmente y las propiedades destruidas. Siguiendo hacia el exterior, existió una segunda zona que sufrió un daño menor a pesar de haberse registrado numerosas víctimas. Aún más afuera, quedó una franja de terreno en la cual la vegetación fue quemada pero las personas y animales sobrevivieron.
La mayoría de los cuerpos de las víctimas se hallaban en actitudes cotidianas, con las facciones calmas y reposadas, señal evidente de que la muerte les sobrevino sin aviso y prácticamente sin dolor. Sin embargo, algunos mostraban horribles sufrimientos y expresiones de angustia. A muchos de los que murieron a la intemperie les había sido arrancada la ropa.
Algunas casas fueron literalmente pulverizadas, y para los sobrevivientes fue imposible identificar los lugares más conocidos de la ciudad. La ciudad ardió muchos días. Equipos de rescate revisaron las ruinas metro a metro para buscar cadáveres y quemarlos. No se pudo proceder a ningún funeral. El olor era insoportable. Miles de cadáveres permanecían bajo la capa de ceniza a varios metros de profundidad, sellados por las lluvias. Muchos de ellos pudieron ser recobrados solo muchas semanas más tarde, y casi ninguno pudo ser identificado.

Saldo final

El saldo aproximado de la explosión fue el siguiente:
§                    La destrucción total de St. Pierre, entonces capital y centro económico de la isla (8 de mayo);
§                    Destrucción parcial de Morne Rouge y otros asentamientos en las laderas sur y este (30 de mayo);
§                    Grandes daños en las ciudades de Prêcheur, Grand-Rivière, Basse-Pointe y Ajoupa-Bouillon.
§                    La pérdida de más de 29.000 vidas humanas (28.000 el 8 de mayo y unas 1.000 el 


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